EDUCAR ¿PARA QUE?

 

Siempre que comienzan las labores estudiantiles resulta util, hacer unas cuantas reflexiones entorno al papel del educador y del objetivo de la educación.

La filosofía existencial define al hombre como un ser en devenir , un ser en proyecto . En una palabra, no esta hecho, se hace. El hombre es un ser que es - he ahí su riqueza creadora -, pero aún no es plenamente - he ahí su estado precario -. Es un potencial de energías y capacidades, naturales y sobrenaturales, individuales y comunitarias, que no puede dejársele inactivo y en la inercia, sino en un continuo proyecto de realización, en permanente búsqueda de plenitud.

Así se explica el porqué de su aspiración a conocer, hacer más instruido para valer más y ser más. Cuando renuncia a esto, renuncia a la grandeza de la existencia y a una condición de vida más digna y más noble; cuando se frustra ese deseo o se escamotea, se pagará muy caro con una pasividad exasperaste o con una rebeldía incontenible. Porque se está jugando con el núcleo de la personalidad humana.

Vistas las cosas en esta perspectiva, la ignorancia se torna en una servidumbre inhumana y en un ultraje a la dignidad del hombre A efectivamente - dice Pablo VI - el hambre de instrucción no es menos deprimente que el hambre de alimento: un analfabeto es un espíritu subalimentado. Saber leer y escribir, adquirir una formación profesional, es recobrar la confianza en sí mismo y descubrir que se puede progresar al mismo tiempo que los demás.

Como ser precario que es, el hombre necesita para su formación de los demás, de un ambiente propicio, de expertos y maestros. Y en ese proceso educativo ¿cuál será el papel del educador ?. En ser A Ministro de la naturaleza, como hermosamente lo llamaba Santo Tomás, es decir el de prestar un servicio: ayudar desde fuera discípulo para que este se realice desde dentro, vitalmente, conscientemente.

Su papel no es solamente informar sino, ante todo, formar, y formar integralmente toda la persona humana. No solo almacenando conocimientos y atiborrando la cabeza de ideas, sino ayudando a descubrir valores y metas significativas, hasta lograr convertir el discípulo en artífice de su propio destino; es capacitar al educando para que él mismo desarrolle de una manera original y creativa todo ese cúmulo de posibilidades y disposiciones que lleva en lo profundo de su ser; es despertar en él ese poder de invención, de iniciativa, de creatividad, y responsabilidad. He ahí, la suprema aspiración de toda auténtica pedagogía. La obra maestra del maestro es hacerse innecesario.

A veces se tiene la impresión de que los métodos didácticos son sencillamente instrumentos domesticadores, casi siempre alienados y alienantes ¿ Educan? quién sabe; a lo mejor, domestican. Educar es ayudar a realizarse, a liberarse de cualquier forma de servidumbre que oprima al hombre. Y nadie puede realizarse y liberarse sin ser dueño de si mismo y de sus actos, sin ser el creador de sus propias convicciones y proyectos, sin ser el principal agente responsable de su realización.

La responsabilidad es la capacidad de dar respuesta por si mismo y de sí mismo, de dar una respuesta propia e intransferible a sus propios e intransferibles problemas, no por motivaciones prestadas ni repetición o imitación sino por personal creación e iniciativa, de tal modo que la persona sea capaz de realizarse plenamente no por una imposición extraña, gregaria o individual, sino por una decisión personal y consciente.

En definitiva, educar la persona humana es formar para la libertad, y libre - enseña la filosofía del sentido común- es quien es causa de su realización.

FAUSTINO CORCHUELO O.P.

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