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Señores asistentes a este conversatorio "Ciudad soñada y escenarios familiares", organizado por la facultad de Psicología y sus programas de posgrados en psicología clínica y de la familia, quiero darles, en nombre del Señor Rector y demás Directivas de la Universidad, mi más cordial saludo de bienvenida. Qué bueno abrir estos espacios de reflexión, de intercambio de opinión entre grupos de investigadores, terapeutas, gente que trabaja en Organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y otros centros de investigación en el campo familiar, para analizar e intercambiar impresiones con una mirada prospectiva en una ciudad soñada y del impacto y papel que juega el núcleo familiar.
Qué
bueno soñar en utopías como lo hizo el filósofo dominico
Tommaso Campanella en su celebre obra "La ciudad del sol". Los estudios y análisis
prospectivos, entendidos como sistemas coherentes de prever el futuro, son hoy
día indispensables. El principio según el cual el futuro no se
adivina sino que se prevee y se prepara, menos en función de lo que es
técnicamente posible, sino de lo que es socialmente posible y deseable.
La prospectiva no predice nada, pero sí puede dar, al menos, una idea
de las consecuencias de nuestros actos de hoy y del influjo de la revolución
científica y tecnológica, de la globalización de la economía
y de la cultura, amén de otros factores que juegan un papel vital en
la vida del ser humano.
Qué bien cae este conversatorio ahora que estamos a las puertas de un nuevo milenio, eso sí evitando a toda costa caer o dejarnos contagiar del "milenarismo" que hace del año 2000 una especie de fecha mágica, cargada de una fuerte dosis de sentido apocalíptico y susceptible, por si sola, de cosas buenas y malas. Posiblemente no será distinto de los últimos años de la presente década. Pero lo que sí podemos afirmar es que ese siglo XXI ya viene preñado con toda una problemática globalizada, que se presenta como un reto permanente para todos nosotros que queremos construir un futuro deseable.
He aquí unos cuantos indicadores:
Se podría alargar la lista. Pero, basta. No se trata de pintar un panorama sombrío, porque también son innumerables los aspectos positivos que encontraremos al abrir las puertas del siglo XXI. Precisamente se trata de soñar la ciudad del futuro. Ciertamente, se dirá, que soñar no cuesta nada; pero, no soñar cuesta mucho. Con toda seguridad, en el transcurso del conversatorio, Uds. podrán trazar las líneas de acción que contribuyan a la construcción de mejores formas de vida de la familia colombiana en esa ciudad soñada, de garantizar un desarrollo humano sostenible. El ser humano tiene el derecho fundamental a la vida, a la libertad, a un tratamiento equitativo e igualitario, al disfrute de condiciones de vida de cierta calidad que le permitan llevarla de una forma digna y gozar de un relativo bienestar.
Termino apropiándome unas palabras de la ex-premio Nobel de la paz, Rigoberta Menchú: "Se necesita para nuestro país, en las vísperas de un nuevo milenio, formar integralmente hombres y mujeres, llevar la educación en todos sus niveles a los rincones más apartados, a los más olvidados, a los que esperan solamente una oportunidad para despegar, sin que para ello necesiten dejar de ser. Se necesita educar hombres y mujeres sensibles, profundamente humanos y capaces de cumplir compromisos, lo cual implica educar desde otro sentido, desde la ética tan necesaria en una sociedad que se mueve contraria a los valores morales y hacia la deshumanización del hombre" Discurso en la Universidad San Carlos, de Guatemala, octubre 18 de 1996.
Faustino Conchuelo Alfaro, O.P
