APOLOGOS

Viajero: ¿Cómo irá a estar el tiempo hoy?

Pastor: estará como a mí me gusta.

Viajero: ¿Cómo sabe que el tiempo estará hoy como a Ud. Le gusta?

Pastor: Pues, señor, después de haberme dado cuenta que no siempre puedo tener lo que me gusta, he aprendido a disfrutar siempre de lo que recibo. Por eso, estoy bastante seguro de que el tiempo estará hoy como a mi me gusta.

(Antony de Mello)

NO CAMBIES

Fui un neurótico por años, estaba ansioso, deprimido y era egoísta.

Todos me decían que cambiara.

Sentía antipatía por ellos, pero también estaba de acuerdo; quería cambiar, pero no podía hacerlo por más que intentaba.

Lo que más me lastimaba era que, como los otros, mi mejor amigo insistía en que cambiara.

Entonces me sentía débil y atrapado.

Pero un día me dijo: "No cambies, te quiero tal como eres".

Estas palabras fueron como música para mis oídos:

"No cambies, no cambies, no cambies... te quiero tal y como eres".

Me relajé, reviví y de pronto cambié.

Ahora sé que no podía cambiar realmente hasta que encontrara a alguien que me quisiera, cambiara o no.

(Anónimo)

 

"De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: "Señor dame fuerzas para cambiar el mundo". A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar una sola persona, transformé mi oración y comencé a decir: "Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entren en contacto conmigo, aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho".

Ahora que estoy viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido, mi única oración es: "Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo". Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida.

(Sufi Bayazid)

 

DECALOGO DEL BUEN TRATO

  1. Si miramos a la cara de los otros, ubicamos sus ojos con los nuestros.

  2. Si los brazos se abren en cruz con gran amplitud para luego cerrarse con suavidad cubriendo el cuerpo del otro con un fuerte abrazo.

  3. Si la mano se extiende para cobijar o sostener otra mano que le demanda su abrigo o apoyo.

  4. Si las sonrisas brotan sin esfuerzo desde el fondo del alma y generosamente se regalan.

  5. Si nuestra boca se calla y los oídos se abren, deseosos de entender al otro.

  6. Si nuestro corazón se baña y se recrea en los aciertos grandes y pequeños.

  7. Si ante la presencia del otro brotan de nuestra garganta sencillas y lindas palabras que como el agua riegan para hacer crecer nobles sentimientos.
  8. Si aceptamos al otro en el empaque en que viene, porque él es el resultado de la voluntad de un artista que admiramos.

  9. Si sentimos un inmenso amor por nosotros mis amamos y respetamos la vida en cualquier sitio o lugar en donde ella brote.

 

SOLIDARIDAD CON LOS DESCENDIENTES

El sultán sale una mañana rodeado de su fastuosa corte. A poco de salir encuentra un campesino, que planta afanosamente una palmera. El sultán se detiene a verlo y le pregunta asombrado.

-¡Oh anciano! , plantas esta palmera y no sabes quiénes comerán su fruto... muchos años necesita para que madure, y tu vida se acerca a su término.

El anciano lo mira bondadosamente y luego le contesta:

-¡Oh sultán! Plantaron y comimos: plantemos para que coman.

El sultán se admira de grande generosidad y le entrega cien monedas de plata, que el anciano toma haciendo una reverencia, y luego dice:

¿Has visto, ¡oh rey!, cuán pronto ha dado fruto la palmera?

Más y más asombrado , el sultán, al ver cómo tiene sabia salida para todo un hombre del campo, le entrega otras cien monedas.

El ingenioso viejo las besa y luego contesta prontamente:

-¡Oh sultán!, lo más extraordinario de todo es que generalmente una palmera sólo da fruto una vez al año y la mía me ha dado dos en menos de una hora.

Maravillado está el sultán con esta nueva salida, ríe y exclama dirigiéndose a sus acompañantes:

-¡Vamos...vamos pronto! Si estamos aquí un poco más de tiempo este buen hombre se quedará con mi bolsa a fuerza de ingenio.

(Carolina Toval: Los mejores cuentos juveniles de la literatura universal, (Labor, Barcelona, 1965, vol. II, pg. 675)

 

MADRE

 Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor,

y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que, siendo joven,

tiene la reflexión de la anciana, y, en la vejez, trabaja con el ardor de la juventud;

una mujer que, si es ignorante, descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio,

y si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños;

una mujer que, siendo pobre, se satisface con la felicidad de los que ama,

y, siendo rica, daría con gusto su tesoro, por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud;

una mujer que, siendo vigorosa, se estremece con el gemido de un niño, y siendo débil,

se reviste con la bravura de un león; una mujer que, mientras vive,

no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan;

pero que después de muerta, daríamos todo o que somos y todo lo que tenemos por mirarla un solo instante,

por escuchar un solo acento de sus labios.

De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas este álbum, porque la vi pasar por mi camino...

(Ramón Angel Jara, Obispo de La Serena, Chile)

 

LECCIONES DE LOS GANSOS SALVAJES

Las lecciones que se transcriben a continuación fueron tomados de un discurso presentado por la Dra Angela Arrien en la reunión de la Red de Desarrollo Organizacional, la cual se fundamentó a su vez en los trabajos del Dr. Milton Olson.

Hecho No 1

A medida que los gansos baten sus alas, se crea una fuerza de ascensión para las demás aves que los siguen. Al volar en formación de "V", el alcance de la bandada es 75% mayor a le un ave en vuelo solitario.

Lección

Las personas que comparten una dirección común y son parte integral de una comunidad, pueden llegar a una meta más rápido y con mayor velocidad porque se nutren de la fuerza de todos.

Hecho No 2

Cuando un ganso se sale de su formación, siente el peso y la resistencia de volar sólo. Por ello rápidamente vuelve a formarse para así beneficiarse de la fuerza de ascensión del ganso que está delante de sí.

Lección

Si poseemos la misma razón del ganso, trabajaremos a la par con los que van en nuestra misma dirección. Por ello hay que estar dispuestos a aceptar su ayuda y a prestarles nuestra colaboración.

Hecho No 3

Cuando el ganso líder se cansa, se reubica en la formación y otro ganso y otro ganso asumen la cabecera.

Lección

Es muy útil turnarse en las tareas difíciles y… compartir el liderazgo. Al igual que los gansos, los seres humanos también dependemos de las capacidades, habilidades, dones, talentos y recursos de todos y de cada uno de nosotros.

Hecho No 4

Cuando los gansos vuelan en formación graznan para alentar a los que van adelante y para que ellos mantengan su velocidad y ritmo.

Lección

Debemos asegurarnos que nuestro graznido será estimulante. En los grupos en los cuales hay estímulos, hay mayor productividad. El poder del estímulo es la calidad del graznido que debemos buscar.

Hecho No 5

Cuando un ganso se enferma, es herido o cae abatido, dos gansos se salen de la formación y lo acompañan para ayudarlo y protegerlo. Ellos se quedan con el hasta que muere o puede remontar el vuelo. Luego se unen a la siguiente bandada que pasa o alcanzan nuevamente a su grupo.

Lección

si hiciéramos el mismo raciocinio de los gansos permaneceríamos juntos en los momentos difíciles y en las fortalezas.

 

 

La Verdadera Riqueza

Una vez un padre de una familia acaudalada llevó a su hijoa un viaje por el campo,

con el firme propósito de que su hijo viera cuan pobre era la gente del campo.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completa en una granja de familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:

- ¿Qué te pareció el viaje? - Muy bonito papá! - ¿Viste qué tan pobre puede ser la gente? -

Si! - Y, ¿qué aprendiste? - Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.

Nosotros tenemos una piscina que llega de una pared a la mitad del jardín, ellos tienen un riachuelo que no tiene fin.

Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas.

El patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo un horizonte de patio.

Ellos tienen tiempo para conversar y estar en familia, tu y mi mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo.

Al terminar el relato, el padre se quedó mudo.... y su hijo agregó: -Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser!!!

 

LA MADRE QUE SI SABÍA 

En cierta ocasión un hombre vino a nuestra casa y me dijo:

"Aquí cerca hay una familia hindú con ocho hijos que llevan mucho tiempo sin probar bocado"

Al oírlo tomé un puñado de arroz y salí de toda prisa para que pudieran comer aquella noche.

En los rostros de aquellos ocho niños vi dibujadas las huellas del hambre, como pocas veces las había visto.

A pesar de ello, aquella madre tuvo el coraje de dividir el arroz en dos porciones iguales y salió con una.

Cuando estuvo de vuelta pregunté: -¿A dónde has ido? ¿Qué has hecho? ¡También ellos tienen hambre! Contestó la señora.

Una familia de religión musulmana vivía en la casa de enfrente y tenía Otros tantos hijos.

Aquella madre sabía que también ellos tenían hambre.

Lo que me conmovió fue que < ella sabía> y, puesto que <sabía >, fue generosa hasta el heroísmo de la privación.

¡Esto es algo realmente hermoso! ¡Eso es amor de verdad!. Aquella mujer dio con dolor.

¡ Tendrías que haber visto los rostros de aquellos pequeños!.

Ellos comprendieron verdaderamente lo que su madre había hecho.

El gesto de su madre les enseñó lo que es el amor auténtico. 

Relato de la Madre Teresa de Calcuta.


Jamás cortes un árbol en invierno

Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó.

Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.

Mi padre dijo: "Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto.

Había perdido todas las hojas en el invierno.

Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida.

Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco".

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: "Nunca olvides esta importante lección. Jamás cortes un árbol en invierno.

Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso.

Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo.

Espera. Sé paciente. La tormenta pasará.

Depende de la forma como se mire

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y extraño pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logro meterse en un agujero de una de las puertas de dicha casa.

El perrito subio lentamente las viejas escaleras de madera.

Al terminar de subir las escaleras se topo con una puerta semi-abierta; lentamente se adentro en el cuarto.

Para su sorpresa, se dio cuenta de que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos mas observándolo tan fijamente como el los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.

Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladro alegremente a uno de ellos.

El perrito se quedo sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con el.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedo pensando para si mismo..."Que lugar tan agradable...?Voy a venir mas seguido a visitarlo !

" Tiempo después, otro perrito callejero entro al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto.

Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir, obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a el.

Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a el.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "Que lugar tan horrible es este ..?Nunca mas volveré a entrar allí!".

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía..."La casa de los 1000 espejos".

Varias veces he escuchado que "todos los rostros del mundo son espejos"........

Dicha afirmación nos deja pensando un poco ¿no creen?. (Remitido por Dany Portales)

 

PERDONAME SEÑOR

Hoy, viajando en autobús, vi una hermosa muchacha con cabellos de oro y expresión de alegría; envidié su hermosura.

Al bajarse la vi cojear...tenía una sola pierna, y apoyada en su muleta sonreía.

PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo. !Tengo dos piernas y el mundo es mío!

Fuí a comprar después unos dulces, me atendió un muchacho encantador, hablé con él; parecía tan contento que aunque se me hubiera hecho tarde no me habría importado.

Ya al salir, oí que me decía: "Gracias por charlar conmigo....es usted tan amable.

Es un placer hablar con gente como usted...ya ve, soy ciego" PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo.

!Yo puedo ver, y el mundo es mío! Más tarde, caminando por la calle, ví un pequeño de ojos azules, que miraba jugar a otros niños, sin saber que hacer.

Me acerqué y le dije Porqué no juegas con ellos? Siguió mirando hacia adelante sin decir una palabra, entonces comprendí que no me oía.

PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo, Yo puedo oír, y el mundo es mío! Tengo dos piernas para ir a donde quiero....

Ojos para ver los colores del atardecer.... Oídos para escuchar las cosas que me dicen....

PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo, ! Lo tengo todo y el mundo es mío! (Remitido por Dany Portales)

JUZGAME POR LAS HUELLAS QUE HE DEJADO ATRÁS


Una historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam. Le hablo a sus padres desde San Francisco.


"Mama, Papa. Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor.


Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros."


"Claro," le contestaron, "Nos encantaría conocerlo."


"Hay algo que deben de saber, el hijo siguió diciendo, "el fue herido en la guerra. Piso en una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna.


El no tiene a donde ir, y quiero que el se venga a vivir con nosotros a casa."


"Siento mucho el escuchar eso hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde el se pueda quedar."


"No, Mama y Papa, yo quiero que el viva con nosotros..."


"Hijo," le dijo el padre, "tu no sabes lo que estas pidiendo. Alguien que esta tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros.


Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto interfiera con nuestras vidas.

Yo pienso que tu deberías de regresar a casa y olvidarte de esta persona.


El encontrará una manera en la que pueda vivir el solo."

En ese momento el hijo colgó la bocina del teléfono.


Los padres ya nunca volvieron a escuchar de él. Unos cuantos meses después, como sea, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco.


Su hijo había muerto después de que se había caído de un edificio, fue lo que les dijeron. La policía creía que era un suicidio.

Los padres destrozados de la noticia volaron a San Francisco y fueron llevados a la morgue de la ciudad a que identificaran a su hijo.

Ellos lo reconocieron, para su horror ellos descubrieron algo que no sabían, su hijo tan solo tenia un brazo y una pierna.


Los padres de esta historia son como muchos de nosotros.


Encontramos muy fácil el amar esas personas que son hermosas por fuera o que son entretenidas, pero no nos gusta la gente que nos hace sentir alguna inconveniencia o que nos hace sentir incómodos.

Preferimos estar alejados de personas que no son muy saludables, hermosas o inteligentes como lo somos nosotros.


Afortunadamente, hay una persona que no nos trata de esa manera.


Alguien que nos ama con un gran amor, que siempre nos recibirá en su familia, no importa que tan destrozados estemos, física o mentalmente.

Esta noche, antes de que te metas en la cama para dormir, reza una oración a Dios para que el te de la fuerza para que puedas aceptar la gente tal y como es, y para que nosayude a ser mas comprensivos de esas personas que son diferentes a nosotros.

Existe un milagro que se llama -Amistad- que existe en el corazón. Tu no sabes como pasa ni como ha empezado, pero tu sabes la ayuda especial que tiene y te des cuenta que la amistad es el regalo más preciado que tenemos.


Los amigos son una joya muy rara, en toda la extensión de la palabra.


Ellos nos hacen sonreír y nos apoyan para que nosotros progresemos.


Ellos nos prestan un oído, comparten una palabra de sabiduría, y ellos siempre van a abrir su corazón para nosotros.

Enséñales a tus amigos lo mucho que ellos te importan... Comparte este mensaje con aquellos a Quien aprecias.

Jamas Tomes una decisión en tiempo Adverso

  Un señor encontró a su vecino, un anciano de ochenta y seis años, haciendo hoyos en la tierra.

¿Qué estás haciendo, Juan? preguntó. Plantando árboles de mango, replicó el anciano.

¿Esperas comer mangos de esos árboles? dijo burlándose el vecino.

No. A mi edad sé que no lo haré, habló el anciano.

Pero toda mi vida he comido mangos, y no de un árbol que yo haya plantado.

No hubiera yo tenido esos mangos si otros hombres no hubieran hecho lo que yo estoy haciendo ahora.

Sólo trato de pagar a mis semejantes que plantaron los árboles de mango para mí.

Tenemos una gran deuda con aquellos que nos precedieron y que sufrieron mucho para proporcionarnos lo que ahora disfrutamos.

Cada uno de nosotros paga la deuda en cierta medida, haciendo ahora lo que ellos hicieron en su tiempo: dando todo lo que podamos para asegurar eso mismo, para las futuras generaciones.

 

Deuda con los que los precedieron

Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó.

Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.

Mi padre dijo: "Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto.

Había perdido todas las hojas en el invierno.

Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida.

Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco". Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: "Nunca olvides esta importante lección.

Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso.

Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará.

La casa de los cien espejos

 Se dice que hace tiempo, en un pequeño y extraño pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logro meterse en un agujero de una de las puertas de dicha casa.

El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera.

Al terminar de subir las escaleras se topo con una puerta semi-abierta; lentamente se adentro en el cuarto.

Para su sorpresa, se dio cuenta de que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos mas observándolo tan fijamente como el los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo.

Posteriormente sonrió y le ladro alegremente a uno de ellos.

El perrito se quedo sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con el.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedo pensando para si mismo..."Que lugar tan agradable...?Voy a venir mas seguido a visitarlo !

" Tiempo después, otro perrito callejero entro al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto.

Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir, obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a el.

Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a el.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "Que lugar tan horrible es este ..?

Nunca mas volveré a entrar allí!". En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía..."La casa de los 1000 espejos".

Varias veces he escuchado que "todos los rostros del mundo son espejos"........

Dicha afirmación nos deja pensando un poco ¿no creen?. (Remitido por Dany Portales) 

Perdoname Señor cuando me quejo

 Hoy, viajando en autobús, vi una hermosa muchacha con cabellos de oro y expresión de alegría; envidié su hermosura.

Al bajarse la vi cojear...tenía una sola pierna, y apoyada en su muleta sonreía. PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo.

!Tengo dos piernas y el mundo es mío!. Fui a comprar después unos dulces, me atendió un muchacho encantador, hablé con él;

parecía tan contento que aunque se me hubiera hecho tarde no me habría importado.

Ya al salir, oí que me decía: "Gracias por charlar conmigo....es usted tan amable.

Es un placer hablar con gente como usted...ya ve, soy ciego" PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo.

!Yo puedo ver, y el mundo es mío! Más tarde, caminando por la calle, vi un pequeño de ojos azules, que miraba jugar a otros niños, sin saber que hacer.

Me acerqué y le dije Porqué no juegas con ellos? Siguió mirando hacia adelante sin decir una palabra, entonces comprendí que no me oía.

PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo, Yo puedo oír, y el mundo es mío! Tengo dos piernas para ir a donde quiero....

Ojos para ver los colores del atardecer.... Oidos para escuchar las cosas que me dicen....

PERDONAME SEÑOR, cuando me quejo, ! Lo tengo todo y el mundo es mío! (Remitido por Dany Portales)

Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos

Su nombre era Fleming, un agricultor pobre de Inglaterra.

Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escucho a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano.

Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano.

Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando tratando de liberarse del lodo.

El agricultor Fleming salvo al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.

El próximo día, un carruaje muy pomposo llego hasta los predios del agricultor ingles un noble ingles, elegantemente vestido, se bajo del vehículo y se presento a si mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.

"Yo quiero recompensarlo," dijo el noble ingles quot;Usted salvo la vida de mi hijo." No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice" respondió el agricultor , rechazando la oferta. En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia. "¿Es ese su hijo?" pregunto el noble ingles. "Si," respondió el agricultor lleno de orgullo.

"Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si el es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso."

El agricultor acepto. Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó de la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina. Algunos años después, el hijo del noble ingles, cayo enfermo de pulmonía. Qué lo salvo? La Penicilina. ¿El nombre del noble ingles? Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill.

Alguien dijo una vez: "Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos". Trabaja como si no necesitaras el dinero. Ama como si nunca te hubieran herido. Baila como si nadie te estuviera mirando.  

 

"Dejar salir la música" 

 

Tres jóvenes vecinos, Salvatore, Julio y Antonino vivían y jugaban en Cremonia, Italia, a mediados del siglo XVII.

Salvatore tenía una voz hermosa y Julio lo acompañaba tocando el violín, mientras tocaban en la plazas o llevaban serenatas a las prometidas de los novios ocasionales que recurrían de sus servicios. Aunque a Antonino le encantaba la música, su voz chirriante hacía que la gente se burlara de él.

No obstante, Antonio no carecía de talento. Su posesión más valiosa era una navaja de bolsillo con la que hacía una preciosas tallas en trozos de madera.

Un día de fiesta, los tres amigos salieron para la plaza de la catedral. Mientras caminaban Antonino reflexionaba respecto a su incapacidad para cantar.

Eso hacía llorar su corazón, porque amaba la música tanto como los otros.

Una vez en la plaza, Julio tomó el violín en tanto que Salvatore cantaba con su potente voz de cantor.

La gente se detenía a escucharlos, y la mayoría dejaba una o dos monedas para los andrajosos muchachos.

Un anciano salió de la multitud, los felicitó y puso una brillante moneda en la mano de Salvatore.

El muchacho abrió la mano y exclamó: - ¡Miren! es una moneda de oro. Los tres muchachos estaban entusiasmados y se pasaban la moneda entre sí.

- Pero ese anciano muy bien puede permitirse dar limosnas de esa monta --dijo Julio- es el gran Amati. -¿Y quién es Amati?, ¿Y por qué es grande?

--pregunto tímidamente Antonino-- - Amati es el gran "hacedor de música" --respondió salvatore--, él fabrica los mejores violines de Italia, y vive en nuestra ciudad!!!.

Su corazón empezó a latir fuertemente y una idea cruzó por su mente.

A la mañana siguiente, el joven salió de casa llevando consigo su preciosas navaja y algunas cosas que con ella había hecho: un bello pájaro, un cofre, una flauta, varias estatuillas y un exquisito barco de madera.

Tocó a la puerta del gran maestro y le dijo: - traje estas cosas para que usted las vea, señor --mientras mostraba el producto de sus manos--

¿seré digno de ser su aprendiz? El maestro Amati, con cuidado, recogió y examinó cada pieza, deteniéndose en la exquisitez de los detalles del pequeño barco, e invitó a Antonino a seguir a su casa.

- ¿Y por qué quieres hacer violines? --inquirió el anciano artista--. -

Porque amo la música, peor no puedo cantar, pues mi voz suena como una bisagra que rechina.

Ayer usted dió una moneda a mis amigos, en la plaza de la Catedral.

Yo también quiero hacer que la música tome vida --concluyó Antonino. En muy poco tiempo se convirtió en discípulo del gran artista..

Después de muchos años no había secreto en la fabricación de un violín, de sus setenta diferentes parte que él no conociera.

Cuando cumplió 22 años de edad, su maestro le permitió poner su propio nombre en un violín que había fabricado.

Durante su vida Antonino fabricó más de mil cien de ellos, tratando de hacer cada uno mejor y mas bello que el anterior.

Cualquier persona que posea un violín fabricado por Antonino STRADIVARIUS es dueña de un TESORO, de una obra maestra...

Juzgando antes de tiempo

 Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora.

La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo.

Buscó un banco en el anden central y se sentó preparada para la espera. Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.

Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y saco una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la

puso en su boca y sonrío.

La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con sostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta.

"No podrá ser tan caradura", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.

Gracias!" - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. quot;De nada" - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó:

"¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!".

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado.

Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros, hace que juzguemos injustamente a personas y situaciones, y sin tener un porque, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta.

Así por no utilizar nuestra capacidad de autocrítica y de observación, perdemos la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones, haciendo crecer en nosotros la desconfianza y la preocupación.

Nos inquietamos por acontecimientos que no son reales, que quizás nunca lleguemos a contemplar, y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca ocurrirán. Dice un viejo proverbio... Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se

consigue jamás lo suficiente, pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera.

 

Canto a la sabiduría

Dios de los padres, y Señor de la misericordia,

que con tu palabra hiciste todas las cosas,

y en tu sabiduría formaste al hombre,

para que dominase sobre tus criaturas,

y para regir el mundo con santidad y justicia,

y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono

y no me excluyas del número de tus siervos,

porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,

hombre débil y de pocos años,

demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto

entre los hijos de los hombres,

sin la sabiduría, que procede de ti,

será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,

que te asistió cuando hacías el mundo,

y que sabe lo que es grato a tus ojos

y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,

y de tu trono de gloria envíala,

para que me asista en mis trabajos

y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,

y me guiará prudentemente en mis obras,

y me guardará en su esplendor.


1. El Cántico que acabamos de escuchar nos presenta gran parte de una amplia oración puesta en labios de Salomón, que en la tradición bíblica es considerado el rey justo y el sabio por excelencia. Nos la ofrece el capítulo noveno del Libro de la Sabiduría, un escrito del Antiguo Testamento compuesto en griego posiblemente en Alejandría de Egipto, en los umbrales de la era cristiana. Se puede percibir la expresión del judaísmo vivaz y abierto de la Diáspora hebrea en el mundo helénico.

Este libro nos propone fundamentalmente tres recorridos de pensamiento teológico: la inmortalidad bienaventurada como punto de llegada final de la existencia del justo (Cf. capítulos 1-5); la sabiduría como don divino y guía de la vida y de las opciones del fiel (Cf. capítulos 6-9); la historia de la salvación, en particular del acontecimiento fundamental del éxodo, que comienza con la opresión egipcia, signo de esa lucha entre el bien y el mal, y termina con una salvación plena y con la redención (Cf. capítulos 10-19).

2. Salomón vivió diez siglos antes del autor inspirado del Libro de la Sabiduría, sin embargo ha sido considerado como el iniciador y artífice de toda una reflexión sapiencial posterior. La oración en forma de himno, puesta en sus labios, es una invocación solemne dirigida al «Dios de los padres y Señor de la misericordia» (9,1) para que conceda el don preciosísimo de la sabiduría.

Es evidente en nuestro texto la alusión a la escena narrada en el Primer Libro de los Reyes, cuando Salomón, en los inicios de su reino, se dirigió a los altos de Gabaón, donde se levantaba un santuario, y después de haber celebrado un grandioso sacrificio, en la noche tiene un sueño-revelación. Por petición misma de Dios, que le invita a pedirle un don, él responde: «Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal» (1 Reyes 3, 9).

3. La inspiración ofrecida por esta invocación de Salomón se desarrolla en nuestro Cántico en una serie de llamamientos dirigidos al Señor para que conceda el tesoro insustituible de su sabiduría.

En el pasaje presentado por la Liturgia de los Laudes encontramos estas dos imploraciones: « Dame la sabiduría... Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria» (Sabiduría 9, 4.10). Sin este don, uno se da cuenta de que se queda sin guía, como privado de una estrella polar que orienta las opciones morales de la existencia: «siervo tuyo soy..., hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes..., sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada» (versículos 5-6).

Es fácil intuir que esta «sabiduría» no es la simple inteligencia o la habilidad práctica, sino más bien la participación en la mente misma de Dios que «con tu sabiduría formaste al hombre» (Cf. v. 2). Es, por tanto, la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, yendo más allá de la superficie de las cosas y de los acontecimientos para descubrir el significado último, querido por el Señor.

4. La sabiduría es como una lámpara que ilumina nuestras opciones morales de todos los días y nos conduce por el camino recto «que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos» (Cf. v. 9). Por este motivo la Liturgia nos hace rezar con las palabras del Libro de la Sabiduría al inicio de una jornada, para que Dios con su sabiduría esté junto a mí y «para que me asista en mis trabajos» diarios (Cf. v. 10), revelándonos el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

De la mano de la Sabiduría divina nos adentramos confiados en el mundo. A ella nos agarramos, amándola con un amor conyugal como Salomón, que como dice el Libro de la Sabiduría confesaba: «Yo la amé [la sabiduría] y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza» (8, 2).

5. Los Padres de la Iglesia han identificado en Cristo la Sabiduría de Dios, siguiendo a san Pablo, que definía a Cristo «potencia de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1, 24).

Concluyamos con una oración de san Ambrosio, que se dirige a Cristo con estas palabras: «¡Enséñame las palabras ricas de sabiduría, pues tú eres la Sabiduría! Abre mi corazón, tú, que has abierto el libro. ¡Tú abres esa puerta que está en el cielo, pues tú eres la Puerta! Quien se introduzca a través tuyo, poseerá el Reino eterno; quien entre a través tuyo, no se engañará, pues no puede equivocarse quien ha entrado en la morada de la Verdad» («Comentario al Salmo 118/1» --«Commento al Salmo 118/1»-- Saemo 9, p. 377).


El Cántico que acabamos de escuchar es una invocación hecha a Dios para pedir el don de la sabiduría. Sin ella estamos privados de orientación en las elecciones morales de la existencia. No es una simple inteligencia o habilidad práctica, sino la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, para descubrir el significado último, querido por el Señor. Es como una lámpara que ilumina nuestras opciones y nos conduce por el camino recto.

Por esto la Liturgia nos invita a rezar con estas palabras al inicio de esta jornada, para que Dios con su sabiduría nos «asista en nuestros trabajos» cotidianos, y nos revele el bien y el mal, lo justo y lo injusto.


La vida del hombre, miseria convertida en gloria por Dios

Salmo 89


Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.


1. Los versículos que acaban de resonar en nuestros oídos y en nuestro corazón constituyen una meditación sapiencial que tiene, sin embargo, el tono de una súplica. El orante del Salmo 89 pone en el centro de su oración uno de los temas más explorados por la filosofía, más cantados por la poesía, más sentidos por la experiencia de la humanidad de todos los tiempos y de todas las regiones de nuestro planeta: la caducidad humana y el devenir del tiempo.

Basta pensar en ciertas páginas inolvidables del Libro de Job en las que se presenta nuestra fragilidad. Somos como «los que habitan en casas de arcilla, que hunden sus cimientos en el polvo y a los que se les aplasta como a una polilla. De la noche a la mañana quedan pulverizados. Para siempre perecen sin advertirlo nadie» (Job 4, 19-20). Nuestra vida sobre la tierra es «como una sombra» (Cf. Job 8, 9). Y Job sigue confesando: «Mis días han sido más raudos que un correo, se han ido sin ver la dicha. Se han deslizado lo mismo que canoas de junco, como águila que cae sobre la presa» (Job 9, 25-26).

2. Al inicio de su canto, parecido a una elegía (Cf. Salmo 89, 2-6), el salmista opone con insistencia la eternidad de Dios al tiempo efímero del hombre. Esta es su declaración más explícita: «Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna» (v. 4).

Como consecuencia del pecado original, el hombre vuelve a caer por orden divina en el polvo del que había sido tomado, como se afirma en la narración del Génesis: «¡Eres polvo y al polvo tornarás» (3,19; Cf. 2,7). El creador, que plasma en toda su belleza y complejidad la creatura humana, es también el que reduce «el hombre a polvo» (Salmo 89, 3). Y «polvo», en el lenguaje bíblico, es también la expresión simbólica de la muerte, de los infiernos, del silencio sepulcral.

3. En esta súplica es intenso el sentimiento del límite humano. Nuestra existencia tiene la fragilidad de la hierba que despunta al alba; enseguida oye el silbido de la hoz que la convierte en un haz de heno. A la frescura de la vida muy pronto le sigue la aridez de la muerte (Cf. versículos 5-6; Cf. Isaías 40,6-7; Job14,1-2; Salmo 102, 14-16).

Como sucede con frecuencia en el Antiguo Testamento, a esta debilidad radical, el Salmista asocia el pecado: en nosotros se da la finitud, y también la culpabilidad. Por este motivo nuestra existencia parece que tiene que vérselas también con la cólera y el juicio del Señor: «¡Cómo nos ha consumido tu cólera y nos ha trastornado tu indignación! Pusiste nuestras culpas ante ti... y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera» (Salmo 89, 7-9).

4. Al comenzar el nuevo día, la Liturgia de los Laudes sacude con este Salmo nuestras ilusiones y nuestro orgullo. La vida humana es limitada, «aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta», afirma el salmista. Además, el pasar de las horas, de los días y de los meses está salpicado por la «fatiga y dolor» (Cf. v. 10) y los mismos años se parecen a «un soplo» (Cf. v. 9).

Esta es la gran lección: el Señor nos enseña a «contar nuestros días» para que, aceptándolos con sano realismo, «entre la sabiduría en nuestro corazón» (v. 12). Pero el salmista pide a Dios algo más: que su gracia sostenga y alegre nuestros días, aun frágiles y marcados por la prueba. Que nos haga gustar el sabor de la esperanza, aunque la ola del tiempo parezca arrastrarnos. Sólo la gracia del Señor puede dar consistencia y perennidad a nuestras acciones cotidianas: «Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos» (v. 17).

Con la oración pedimos a Dios que un reflejo de la eternidad penetre en nuestra breve vida y en nuestro actuar. Con la presencia de la gracia divina en nosotros, una luz brillará sobre el devenir de los días, la miseria se convertirá en gloria, lo que parece no tener sentido adquirirá significado.

5. Concluimos nuestra reflexión sobre el Salmo 89 dejando la palabra a la antigua tradición cristiana, que comenta el Salterio manteniendo en el fondo la figura gloriosa de Cristo. De este modo, para el escritor cristiano Orígenes, en su «Tratado sobre los Salmos», que nos ha llegado en la traducción latina de san Jerónimo, la resurrección de Cristo nos da la posibilidad bosquejada por el salmista de que «toda nuestra vida sea alegría y júbilo» (Cf. v. 14). Porque la Pascua de Cristo es el manantial de nuestra vida más allá de la muerte: «Después de haber recibido la dicha de la resurrección de nuestro Señor, por la que creemos que hemos sido redimidos y de resurgir también un día, ahora, transcurriendo en la alegría los días que nos quedan de nuestra vida, exultamos por esta confianza, y con himnos y cánticos espirituales alabamos a Dios por medio de Jesucristo, nuestro Señor» (Orígenes - Jerónimo, «74 homilías sobre el libro de los Salmos» --«74 omelie sul libro dei Salmi»--, Milán, 1993, p. 652).


El Salmo que hemos escuchado presenta la eternidad de Dios y la caducidad del ser humano, cuya existencia es frágil como la hierba que despunta por la mañana. Esta debilidad radical de la criatura está marcada también por el pecado. Ante nuestro orgullo e ilusiones banales, conviene recordar que somos limitados. Por eso el Señor nos enseña a «contar nuestros años» para que, aceptándolos con sano realismo, «adquiramos un corazón sensato» (v. 12).

El orante pide a Dios que su gracia nos sostenga y haga gustar el sabor de la esperanza, dando además consistencia a nuestras obras diarias; entonces una luz brillará sobre nosotros, la miseria se transformará en gloria y cobrará significado lo que parecía vacío.
Reflexiones del Papa Juan Pablo II

 

La belleza interior

Autor: Nieves García

En la obra de Perez Galdós, Marianela, la protagonista le pregunta al ciego al que guía si sabe distinguir el día y la noche. El contesta:

«Es de día cuando estamos juntos tú y yo; es de noche cuando nos separamos».

En la novela que lleva su nombre, Marianela es una joven deforme por un accidente que tuvo de pequeña. Solo su amigo ciego podía ver la belleza de su ser interior, sin quedarse en la superficialidad del cuerpo contrahecho. La ceguera de los ojos físicos era el principio de luz de sus ojos interiores para ver a los demás. No juzgaba por la impresión sensible, juzgaba por la belleza según la talla moral de la persona. Interesante forma de apreciar el mundo. Una lección serena para una sociedad occidental tan angustiada por el cuidado estético y paradójicamente una sociedad tan superficial en el cultivo de la interioridad. La belleza sigue siendo una enorme preocupación femenina, pero ¿Qué es lo realmente bello?

En el siglo V a.C., los sofistas definen la belleza como "lo que resulta agradable a la vista o al oído". Con esta definición la "belleza" empieza a distinguirse de lo "bueno". Más tarde, los estoicos proponen una nueva definición: "aquello que posee una proporción apropiada y un color atractivo". Aristóteles define la belleza como "aquello que, además de bueno, es agradable". Como vemos, mientras los sofistas privilegian el agrado sensible que provoca el objeto bello, los estoicos subrayan el equilibrio interno entre las partes de dicho objeto. Aristóteles, por su parte, asume una postura intermedia, que concilia ambas teorías.

Junto a estos intentos por definir la belleza, la Antigüedad barajaba otros elementos tales como la proporción, el ordenamiento de las partes y las interrelaciones que se establecían entre ellas. A esta proporción, cuyo fundamento está inscrito en la misma naturaleza y cuyo paradigma máximo es el cuerpo humano, se le da el nombre de "simetría".

Retomando la idea de "iluminación" como parte sustancial de la belleza Santo Tomás de Aquino habla de la belleza como -"esplendor de la forma". Siempre ha habido una asociación natural entre bondad y belleza.

Pero además el concepto de belleza cambia según las culturas y los tiempos. En la antigua literatura china, el concepto de “mujer bella” se refiere a un ser delgado y frágil. En un país como Japón, la definición de belleza también parece haber variado según la época. Las mujeres bonitas que fueron representadas en impresiones de madera durante el período Edo tenían caras largas, ojos alargados y mejillas grandes y prominentes. No obstante, en el período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, las mujeres de apariencia masculina pasaron, de repente, a ser consideradas atractivas. Esto hablando brevemente de la belleza de corte oriental. Ni siquiera podemos compararlo con los moldes occidentales del siglo XXI, donde la mujer pálida ....: ¿Cómo puede haber estándares tan diferentes en la sociedad, en cuanto a la belleza femenina?

Las mujeres tienen la tendencia a caer en la trampa que las hace buscar encajar en el molde de “belleza”, según los parámetros establecidos por las tendencias sociales de cada época. El propósito de esta interminable búsqueda, y el objeto para el cual se busca, suelen ser olvidados. ¿Qué belleza se busca? ¿La del aparecer o la del ser? ¿Para quién se trata de conquistar esa belleza, para uno mismo o para otros?

Hoy en día vemos rostros con sonrisas artificiales, operaciones quirúrgicas para evitar las arrugas, liposucción, inyecciones de silicona para moldear cuerpos que no tienen otro defecto que el desgaste natural del tiempo. Nos han vendido una imagen de mujer, donde se valora su apariencia pero se olvida uno de “ella”, de la mujer como persona. A fuerzas de ver modelos esbeltas, sin ningún defecto externo, con medidas imposibles...hemos aceptado que el ideal de belleza que nos permite entrar por la puerta grande del mundo es semejante al de la Miss Universo que se corone en el año en curso. Y aunque muchos asentimos al leer ideas semejantes a estas, e incluso criticamos el uso que se hace de la mujer en la publicidad, al final caemos en el mismo juego que nos proponen y somos los primeros en preocuparnos por el paso del tiempo, (y no precisamente porque no acerque a la muerte); nos inquietan las primeras canas, el cruzar el umbral de los 30, de los 40, de los 50,... En el fondo también nosotros identificamos juventud y belleza, porque nuestra bandera estética también se reduce al margen de lo superficial y sensible. ¿Dónde está la luz del día interior del que habla el ciego? ¿Por qué no la vemos?

Porque esa luz hay que buscarla con ojos interiores, en silencio y en la quietud que me permite ver lo invisible, pero que es realmente lo valioso.

El rostro de una mujer que ha sido marcado por las numerosas tormentas de la vida puede ser hermoso. Sea cual sea su edad, tal como ocurre con las vetas de la madera, cuya belleza tiende a ser más profunda con el paso de los años, la belleza de una mujer que ha resistido las dificultades de la vida brilla con un esplendor que se destaca. Hay rostros de mujeres ancianas que irradian algo que no se vende en nuestro acarreado siglo: una belleza pacífica, serena. Esa belleza crece con el tiempo, porque el tiempo aquilata y purifica lo que nos hace grandes: la capacidad de amar que posee el ser humano. El paso silencioso y constante de los años engrandece a la mujer que ha vivido en orden al darse y no al “buscarse”. Por eso un rostro anciano puede ser atractivo. Quizás detrás de esos ojos compasivos, se esconden muchas lágrimas, detrás de esas arrugas no maquilladas se oculta mucho dolor porque el amor es donación, es buscar el bien objetivo del otro, y por eso muy a menudo, el amor duele. El amor no es un maquillaje que se quita en la noche; su huella en la persona es indeleble y no se borra con el paso del tiempo.

Más allá de los sentimientos, de la emotividad casi de origen físico, esta la capacidad oculta en el ser humano, que nos permite elegir libremente lo difícil y doloroso, y con desinterés, solo para hacer feliz a alguien. La mujer que por vocación está llamada a educar al hombre en el arte del amor desinteresado, es verdaderamente hermosa cuando ha sido fiel a sí misma, aunque su cabello luzca blanco, o tiemblen ya sus manos. Decía Agustín de Hipona “Solo la belleza agrada”, y si no es mucha pretensión, podemos añadir “Solo la belleza interior agrada siempre”.

 

Remedios para el desamor

Autor: Enrique Rojas

Desde la atalaya de mi consulta psiquiátrica he visto circular delante de mí muchas crisis conyugales. Unas veces ha sido posible encontrar vías de comunicación y de solución. En otras, la pareja se ha roto, se ha partido por la mitad. El fenómeno es muy complejo y sus raíces tienen una rica etiología.

Pero desde el punto de vista psicológico hay tres notas importantes que deben ser subrayadas:

1) se trata de un hecho epidémico, que ha sustituido a las viejas epidemias de siglos y años precedentes;
2) es contagioso, cosa que no debe exaltarnos, ya que las modas se contagian más que las enfermedades infecciosas;
3) se enmarca dentro de una profunda crisis de valores que está recorriendo la sociedad del bienestar.

¿Qué está pasando? ¿Quién iba a decirnos hace tan sólo unos años que en esta etapa de progreso de los grandes países de Occidente, superadas tantas dificultades históricas, nos íbamos a encontrar con esta terrible plaga? El problema tiene muchas variantes. Ahora lo vamos a ver desde tres secuencias diferentes: características del amor en general, ingredientes del amor de la pareja, y, por último, tipos de crisis conyugales y posibles objetivos terapéuticos.

¿Qué es el amor? La pregunta parece casi una osadía. Cuántos libros, novelas, poemas y tratados se han ocupado de él, bien de una forma o de otra. El término amor es polisémico, tiene muchos sentidos. En él se dan cita un conjunto de significaciones. Pero su uso, abuso, falsificación, manipulación y adulteración exigen un esfuerzo especial de clarificación para evitar que llegue a quedar reducido a cosa, cosificado, trivializado, como tantas veces está sucediendo hoy.

Hay muchos tipos de amores. Desde la amistad hasta la simpatía, desde la amplia gama de relaciones interpersonales (amor a los padres, a los hijos, a los familiares no tan cercanos, a los compañeros de trabajo, etcétera) hasta el amor a cosas u objetos inanimados (los muebles antiguos, el arte medieval, el Renacimiento, la literatura romántica). También está el amor a cuestiones reales (la justicia, el derecho, la verdad, el rigor metodológico) o a ciertos temas de vida (a la tradición, a la vida en contacto con la naturaleza, al trabajo bien hecho, al estilo de vida clásico). Finalmente, el amor al prójimo, entendido éste en su sentido etimológico y literal, a los que están más cerca, y el amor entre un hombre y una mujer, que va a ser el núcleo de nuestro análisis. Y el amor a Dios, para el hombre de fe.

Bases de un matrimonio

Lo común a todo amor es la atracción, la aprobación, la tendencia a adherirse a ese algo, que ve como bueno y que conduce a su posesión. Es el amor humano el puente sobre el que inicialmente se hilvana todo el sentimiento. Porque amar a alguien traduce un sentimiento de gozo, de alegría interior que tiende a la unión. El sentimiento va a ser el motor de esta dinámica, aunque con el paso de los años, cuando ese amor lleve ya un cierto rodaje, necesitará de otros componentes que veremos enseguida. El enamoramiento está presidido por emociones y sentimientos; el amor de la pareja está recorrido además por el sentimiento, por la voluntad, la inteligencia, el compromiso y la entrega. Mientras el primero supone una concepción adolescente, el segundo alberga un sentido más maduro.

Veamos ahora las características del amor conyugal, matrimonial o de la pareja. Lo inicial es el sentimiento, que arranca de ese poderoso estímulo que es la atracción. El amor es ante todo un sentimiento, pero no se agotan todos sus contenidos en él. Es además una tendencia que se quiebra en tres direcciones: físico-sexual, psicológica y espiritual.

Debe apoyarse, también, en una filosofía de vida común, similar. Cuando los cónyuges viven unas creencias firmes y coherentes, los avatares del porvenir son vistos con otra perspectiva. En el hombre de Occidente, el pensamiento cristiano ha llenado con creces todas las inquietudes humanas. Viene después el amor como acto de la voluntad, así se producirán esfuerzos concretos por mejorar la convivencia diaria, luchando cada uno y poco a poco por ir venciéndose personalmente. Un amor sin voluntad es un amor inmaduro, frívolo, superficial, trivial, producto típico del nuevo hombre light . Para los defensores de esa concepción el amor es sólo un sentimiento, que va y que viene según soplen los vientos. Ese es el amor de las canciones de moda, monumento ligero e insustancial.

Otro componente importante es la inteligencia. ¿Qué quiere decir esto? Significa que el amor ya establecido debe ser un acto inteligente o, dicho de otro modo, hay que amar con el corazón y con la cabeza. Así se descubre el jeroglífico que es la convivencia: se aplica la cabeza, poniéndose orden y claridad. Ese amor se hace más personal, se individualiza. Así uno es capaz de entender la psicología del otro, con objetividad y, por supuesto, con el efecto y amor necesarios. La voluntad y la inteligencia como ingredientes del amor de la pareja son esenciales, pero hoy son impopulares, no tienen buena prensa, no se llevan. Y es lógico, dado el clima hedonista y permisivo en el que nos movemos.

Dos notas más queremos añadir a esta colección de elementos. El amor es compromiso que apunta hacia la fidelidad, la cual se sustenta a través de continuas y pequeñas lealtades. Por eso la libertad de cada uno queda comprometida en el amor. No olvidemos que todo compromiso, a la larga, puede aparecer en un momento determinado excesivamente costoso. La fidelidad hace que el amor sea vivido con integridad y coherencia. Cuando todo es pasajero, relativo, hasta que uno y otro se soporten, nos vamos a encontrar con un subproducto que es el amor light , amor sin compromiso, sin voluntad, sin cabeza, sin esfuerzo, sujeto a los vientos que vengan: terminará siendo un producto afectivo degradado.

Y la última nota con la que resumimos la alquimia del amor humano: ésta implica un proceso dinámico. Con el paso de los años, éste se verá sometido a cambios, oscilaciones, giros, pero manteniendo sus puntos primordiales. El subsuelo del amor permanece.

Queda así analizado fenomenológicamente el amor conyugal, mezcla de sentimiento, tendencia, filosofía de vida común, voluntad, inteligencia, compromiso y curso dinámico.

Puentes de acercamiento

La diversidad de tipos de crisis conyugales impide trazar una línea terapéutica recta. Pero sí podemos dar una serie de remedios para el desamor. Observaciones psicológicas que pueden servir de ayuda y orientación para esas etapas difíciles:
• Para empezar a arreglar una situación conyugal difícil es necesario esforzarse por asumir y digerir el pasado entre ambos. Es menester una especie de borrón y cuenta nueva. Si esto lo hacemos en otros terrenos de la vida, cómo no lo vamos a poner en práctica en este campo. La incapacidad para superar el pasado convierte a muchos en personas neuróticas, amargadas.
• Es importante esforzarse por no sacar la lista de agravios. Ese inventario de pequeños y grandes fallos, errores, defectos o fracasos que se acumulan tras la convivencia.
• Respeto mutuo en tres direcciones: palabra, obra y gestos. ¡Cuántas parejas podrían haberse mantenido si no fuera por la utilización descontrolada de palabras fuertes, duras, hirientes, cargadas de acusaciones, descalificantes! El respeto de obra es esencial: en el lenguaje jurídico hablamos de sevicias para referirnos al maltrato. Es clave también cuidar el lenguaje no verbal: por eso el respeto de gestos y ademanes tiene un enorme valor.
• Evitar discusiones innecesarias. Aquí entraría de lleno lo que los psiquiatras llamamos "adquisición en habilidades de comunicación".
• Aprender a remontar momentos, días o situaciones difíciles. Tener capacidad de reacción y poner en marcha enseguida recursos psicológicos adecuados.

Estos cinco puntos sólo abren un rico campo de posibilidades. Buscan puentes de acercamiento y comprensión. Y sin perder de vista que en el amor conyugal lo importante es lo pequeño.

No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncia.

 

Penélope o la apuesta radical por el otro

Autor: Nieves García


Ulises regresó a su Ítaca natal 20 años más tarde. En su equipaje humano cargaba cicatrices nuevas, la larga guerra de Troya, aventuras inauditas, miedos enfrentados, trampas vencidas... 20 años es mucho tiempo para una joven, que le vio partir y no volvió a tener noticias de él; y quedó con niño en brazos y nadie en quien apoyarse. ¿Cuál fue el equipaje del tiempo que acumuló Penélope? Soledad, cansancio, incertidumbre.. .pero sobre todo esperanza.

Esa esperanza la mantuvo ilusionada, recordando un rostro que sentía desdibujarse con el paso de los años. Esa esperanza cobraba formas diversas de creatividad para defender el tesoro de su vida, ante el acoso de quienes solo buscaban un trono en su persona. Un manto que se teje de día y se deshace en la noche, un arco que hay que tensar,...la esperanza es creativa, mira al futuro aportando soluciones y así se sostiene.

¿De donde nacía esta esperanza? De un amor sincero, de un amor que fue donación total, en el momento y para siempre. Esa esperanza alimentaba la palabra dada, y la hacía real: para siempre. La fidelidad es consecuencia natural de la autenticidad del don. La apuesta por el otro es una apuesta radical, se arriesga todo, se arriesga la vida. ¿Cómo se habla de matrimonios “temporales”?

La felicidad en esta vida tiene diferentes precios. Según se arriesga, así se gana; es ley universal y no solo en Las Vegas. Cuando uno se acerca al matrimonio con cartas escondidas en la manga, por si acaso...no nos va bien, se arriesga poco. Esta búsqueda de seguridades alternativas habla de una gran inseguridad personal en la propia capacidad de amar y de donarse íntegramente al otro, y de una enorme desconfianza en el otro. Con estos cimientos el edificio caerá al primer vendaval de egoísmo por parte de alguno de los dos.

En el clásico griego, Ulises luchó por regresar y volver a conquistar a su mujer, su hijo y su trono. Cuando decide embarcar desde Troya, cuando le pide a Calipso que le dejara partir, Homero trataba de explicar lo fuerte que es el amor humano entre hombre y mujer. Él confía en ella aunque les separara un mar infinito. El amor no olvida nunca, nunca. La única distancia invencible habría sido la distancia interior, cuando el corazón busca otros caminos alternativos. Bien decía Garman Wold “Cuando tu mayor debilidad es el amor, eres la persona más fuerte del mundo”. Así el solo pensamiento del otro, les daba fuerzas a ambos para enfrentar dificultades y cansancios. Homero era un buen conocedor de las pasiones y amores humanos.

Hoy en día las cosas han cambiado y ni Ulises, ni Penélope nunca existieron, se puede objetar. Es cierto, no sabemos si estos personajes fueron sólo una proyección mítica de un escritor griego, pero la historia está poblada de muchas Penélopes anónimas, de todas las razas y edades, que un día descubrieron que quien compartía su lecho, ya no estaba. ¿Causas? Abandono, huída, emigrar a otro país para ayudar a la familia, o tristemente por haber encontrado a alguien más.... Mujeres que experimentan lo que significa que el tiempo pase sin tener noticias, acosadas por la tentación de pensar que han pasado a un segundo plano, aunque no sea verdad... Ellas saben mucho de incertidumbre y de alimentar la espera con la ilusión de una entrega renovada. Continuar sonriendo a los hijos, para llorar a ratos en la noche, enfrentar las cargas económicas de la casa, pagar colegiaturas, experimentar la soledad, y seguir pensando en él, para sacar nuevas fuerzas para el día siguiente, porque puede ser el día en que ... regrese. La grandeza de estas mujeres no se esconde en tener que afrontar una difícil situación humana, sino en su perseverancia en el amor. Son heroínas silenciosas del amor fiel. Y aunque muchas de ellas tendrían razones para buscar otra alternativa, siguen en silencio, esperando que un día aparezca la persona a quien quisieron darle toda la vida y para siempre.

Ellas pagan el mayor precio porque aspiran a la cota más alta de felicidad: dan todo por el otro, aunque no encuentren correspondencia. Y en su interior hay paz y serenidad, porque son y fueron libres para amar con totalidad. Nadie se lo pide ahora, pero ellas lo dan. Y aunque tristemente las cifras de infidelidad femenina aumentan, siguen siendo mayoría las mujeres que sin voz, ni voto, demuestran que el amor es para siempre.

Esta forma de darse, de amar, tiene una cualidad excepcional, transforma y eleva a la persona amada. Al experimentar en carne propia tan grande desinterés, se rompe la dureza interior y se aprende que hay un valor supremo en la vida.

“Mi mujer es lo más grande que me ha pasado en la vida. Durante 8 años, me fui de casa, le fui infiel...Nunca dejó de esperarme, supo educar a nuestros tres hijos sin decirles la verdad acerca de su padre...y cuando enfermé de cáncer y me encontré solo, ella vino para llevarme de nuevo a casa...” No son palabras de telenovela. Son testimonio de vida, de un importante empresario francés, que ayuda ahora en un consultorio familiar. Él tuvo su Penélope y aprendió a amar porque le habían amado mucho. Ahora dedica las dos terceras partes de las ganancias que obtiene a la ayuda de enfermos y él mismo atiende en los hospitales de Lourdes dos veces al año. Tiene ahora 72 años, y nunca lo ha olvidado.

El matrimonio es una apuesta radical que solo se hace si se está decidido a arriesgar el 100% por el otro, pase lo que pase. Los mantos de Penélope se tejen hoy de muchas clases, pero siguen siendo signo de la fidelidad. Y tejer es cansado y doloroso, pero hay que hacerlo con la certeza de que todo lo que se siembra, se cosecha. Quien siembra fidelidad, cosecha alegría.

 

Canto de oración por la paz definitiva
Salmo 143


Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.


1. Acabamos de escuchar la primera parte del Salmo 143. Tiene las características de un himno real, entretejido por otros textos bíblicos, que dan vida a una nueva oración (Cf. Salmo 8, 5; 17,8-15; 32, 2-3; 38, 6-7). Quien habla en primera persona es el mismo Rey David, que reconoce el origen divino de sus éxitos.

El Señor es representado con imágenes marciales, según el antiguo uso simbólico: aparece, de hecho, como instructor militar (Cf. Salmo 143, 1), fortaleza inexpugnable, escudo protector, triunfador (Cf. v. 2). De este modo, se quiere exaltar la personalidad de Dios, que se compromete contra el mal en la historia: no es una potencia obscura o una especie de hado, ni un soberano impasible e indiferente ante las vicisitudes humanas. Las citas y el tono de esta celebración divina están influenciadas por el himno de David conservado en el Salmo 17, y en el capítulo 22 del Segundo Libro de Samuel.

2. Ante la potencia divina, el rey judío reconoce su fragilidad y debilidad, propias de todas las criaturas humanas. Para expresar esta sensación, el rey orante recurre a dos frases presentes en los Salmos 8 y 38, y las entrecruza dándoles una nueva y más intensa eficacia: «Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa» (versículos 3-4). Emerge aquí la firme convicción de que somos frágiles, como el soplo del viento, si el Creador no nos conserva en vida, Él --como dice Job-- «tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre» (12, 10).

Sólo con la ayuda divina podemos superar los peligros y las dificultades que salpican todos los días de nuestra vida. Sólo si contamos con la ayuda del Cielo podemos comprometernos, como el antiguo rey de Israel, a caminar hacia la libertad de toda opresión.

3. La intervención divina es presentada con las tradicionales imágenes cósmicas e históricas con el objetivo de ilustrar el señorío divino sobre el universo y sobre las vicisitudes humanas. Entonces aparecen los montes que echan humo en imprevistas erupciones volcánicas (Cf. Salmo 143,5). Aparecen los rayos como saetas lanzadas por el Señor y dispuestas a aniquilar el mal (Cf. versículo 6). Aparecen, por último, las «aguas caudalosas» que, en el lenguaje bíblico, son símbolo del caos, del mal y de la nada, en una palabra, de las fuerzas negativas en la historia (Cf. versículo 7). A estas imágenes cósmicas se asocian otras de carácter histórico: son «los enemigos» (Cf. versículo 6), los «extranjeros» (Cf. versículo 7), los mentirosos, los que juran en falso, es decir, los idólatras (Cf. versículo 8).

Es una manera muy concreta y oriental de representar la malicia, las perversiones, la opresión y las injusticia: realidades tremendas de las que nos libera el Señor, mientras nos adentramos en el mundo.

4. El Salmo 143, que nos propone la Liturgia de los Laudes, concluye con un breve himno de acción de gracias (Cf. versículos 9-10). Surge de una certeza: Dios no nos abandonará en la lucha contra el mal. Por este motivo, el orante entona una melodía acompañándola con su arpa de diez cuerdas, convencido de que el Señor da la victoria a su consagrado, y salva a David, su siervo (Cf. versículos 9-10).

La palabra «consagrado» en hebreo es «mesías»: nos encontramos, por tanto, ante un Salmo real que se transforma, en el uso litúrgico del antiguo Israel, en un canto mesiánico. Nosotros los cristianos lo repetimos poniendo la mirada en Cristo, que nos libera de todo mal y nos sostiene en la batalla. Ésta, de hecho, no se combate «contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas» (Efesios 6, 12).

5. Concluyamos con una consideración que nos sugiere San Juan Cassiano, monje del siglo IV-V, que vivió en Galia. En su obra, «La Encarnación del Señor», basándose en el versículo 5 de nuestro Salmo, «Señor, inclina tu cielo y desciende», ve en estas palabras la espera de la entrada de Cristo en el mundo.

Y sigue así: «El salmista suplicaba que [...] el Señor se manifestara en la carne, apareciera visiblemente en el mundo, entrara visiblemente en la historia (Cf. 1 Timoteo 3, 16) y que finalmente los santos pudieran ver, con los ojos del cuerpo, todo lo que había sido previsto espiritualmente por ellos» («La Encarnación del Señor» --«L?Incarnazione del Signore»--, V,13, Roma 1991, páginas 208-209). Precisamente esto es lo que testimonia todo bautizado en la alegría de la fe.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia
Salmo 15

Es natural que, con el paso de los años, llegue a sernos familiar el pensamiento del "ocaso de la vida". Nos lo recuerda, al menos, el simple hecho de que la lista de nuestros parientes, amigos y conocidos se va reduciendo: nos damos cuenta de ello en varias circunstancias, por ejemplo, cuando nos juntamos en reuniones de familia, encuentros con nuestros compañeros de la infancia, del colegio, de la universidad, del servicio militar, con nuestros compañeros del seminario... El límite entre la vida y la muerte recorre nuestras comunidades y se acerca a cada uno de nosotros inexorablemente. Si la vida es una peregrinación hacia la patria celestial, la ancianidad es el tiempo en el que más naturalmente se mira hacia umbral de la eternidad.


Sin embargo, también a nosotros, ancianos, nos cuesta resignarnos ante la perspectiva de este paso. En efecto, éste presenta, en la condición humana marcada por el pecado, una dimensión de oscuridad que necesariamente nos entristece y nos da miedo. En realidad, ¿cómo podría ser de otro modo? El hombre está hecho para la vida, mientras que la muerte -como la Escritura nos explica desde las primeras páginas (cf. Gn 2-3)- no estaba en el proyecto original de Dios, sino que ha entrado sutilmente a consecuencia del pecado, fruto de la " envidia del diablo " (Sb 2, 24). Se comprende entonces por qué, ante esta tenebrosa realidad, el hombre reacciona y se rebela. Es significativo, en este sentido, que Jesús mismo, " probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado " (Hb 4, 15), haya tenido miedo ante la muerte: " Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa " (Mt 26, 39). Y ¿cómo olvidar sus lágrimas ante la tumba del amigo Lázaro, a pesar de que se disponía a resucitarlo (cf. Jn 11, 35)?


Aún cuando la muerte sea racionalmente comprensible bajo el aspecto biológico, no es posible vivirla como algo que nos resulta " natural ". Contrasta con el instinto más profundo del hombre. A este propósito ha dicho el Concilio: " Ante la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su culmen. El hombre no sólo es atormentado por el dolor y la progresiva disolución del cuerpo, sino también, y aún más, por el temor de la extinción perpetua".

Ciertamente, el dolor no tendría consuelo si la muerte fuera la destrucción total, el final de todo. Por eso, la muerte obliga al hombre a plantearse las preguntas radicales sobre el sentido mismo de la vida: ¿qué hay más allá del muro de sombra de la muerte? ¿Es ésta el fin definitivo de la vida o existe algo que la supera?

No faltan, en la cultura de la humanidad, desde los tiempos más antiguos hasta nuestros días, respuestas reductivas, que limitan la vida a la que vivimos en esta tierra. Incluso en el Antiguo Testamento, algunas observaciones del Libro del Eclesiastés hacen pensar en la ancianidad como en un edificio en demolición y en la muerte como en su total y definitiva destrucción (cf.12, 1-7). Pero, precisamente a la luz de estas respuestas pesimistas, adquiere mayor relieve la perspectiva llena de esperanza que se deriva del conjunto de la Revelación y especialmente del Evangelio: Dios " no es un Dios de muertos, sino de vivos " (Lc 20, 38).

Como afirma el apóstol Pablo, el Dios que da vida a los muertos (cf. Rm 4, 17) dará la vida también a nuestros cuerpos mortales (cf. ibíd., 8, 11). Y Jesús dice de sí mismo: " Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás " (Jn11, 25-26).
Cristo, habiendo cruzado los confines de la muerte, ha revelado la vida que hay más allá de este límite, en aquel " territorio " inexplorado por el hombre que es la eternidad.

Él es el primer Testigo de la vida inmortal; en Él la esperanza humana se revela plena de inmortalidad. " Aunque nos entristece la certeza de la muerte, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad ".


A estas palabras, que la Liturgia ofrece a los creyentes como consuelo en la hora de la despedida de una persona querida, sigue un anuncio de esperanza: " Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo ".

En Cristo, la muerte, realidad dramática y desconcertante, es rescatada y transformada, hasta presentarse como una "hermana" que nos conduce a los brazos del Padre


La fe ilumina así el misterio de la muerte e infunde serenidad en la vejez, no considerada y vivida ya como espera pasiva de un acontecimiento destructivo, sino como acercamiento prometedor a la meta de la plena madurez. Son años para vivir con un sentido de confiado abandono en las manos de Dios, Padre providente y misericordioso; un periodo que se ha de utilizar de modo creativo con vistas a profundizar en la vida espiritual, mediante la intensificación de la oración y el compromiso de una dedicación a los hermanos en la caridad.


Por eso son loables todas aquellas iniciativas sociales que permiten a los ancianos, ya el seguir cultivándose física, intelectualmente o en la vida de relación, ya el ser útiles, poniendo a disposición de los otros el propio tiempo, las propias capacidades y la propia experiencia. De este modo, se conserva y aumenta el gusto de la vida, don fundamental de Dios. Por otra parte, este gusto por la vida no contrarresta el deseo de eternidad, que madura en cuantos tienen una experiencia espiritual profunda, como bien nos enseña la vida de los Santos.


El Evangelio nos recuerda, a este propósito, las palabras del anciano Simeón, que se declara preparado para morir una vez que ha podido estrechar entre sus brazos al Mesías esperado: " Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación " (Lc 2, 29-30). El apóstol Pablo se debatía, apremiado por ambas partes, entre el deseo de seguir viviendo para anunciar el Evangelio y el anhelo de " partir y estar con Cristo " (Flp 1, 23). San Ignacio de Antioquía nos dice que, mientras iba gozoso a sufrir el martirio, oía en su interior la voz del Espíritu Santo, como " agua " viva que le brotaba de dentro y le susurraba la invitación: "Ven al Padre"

Los ejemplos podrían continuar aún. En modo alguno ensombrecen el valor de la vida terrena, que es bella a pesar de las limitaciones y los sufrimientos, y ha de ser vivida hasta el final. Pero nos recuerdan que no es el valor último, de tal manera que, desde una perspectiva cristiana, el ocaso de la existencia terrena tiene los rasgos característicos de un " paso ", de un puente tendido desde la vida a la vida, entre la frágil e insegura alegría de esta tierra y la alegría plena que el Señor reserva a sus siervos fieles: " ¡Entra en el gozo de tu Señor! " (Mt 25, 21

 

 

E-mail: faustoc@cable.net.co


Indice General de la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia O.P.
Página Principal